¿Cuántas veces te pasó de tener una idea increíble, de esas que sentís que te pueden cambiar algo, y al otro día ya no te acordás? O peor, te acordás que tuviste la idea, pero no recordás cuál era. A mí me pasó muchísimas veces, y no solo con ideas sueltas, también con artículos que leía, con frases de libros que me resonaban, con soluciones que se me ocurrían mientras caminaba por las viñas de San Rafael y que cuando llegaba a casa ya se habían evaporado.
El problema no era mi memoria, era que no tenía un lugar donde guardar todo eso de forma organizada. Hasta que descubrí el concepto de segundo cerebro, y ahí todo empezó a tener más sentido.









